A veces el amor no está con quien amas, sino con quien te ama a ti.

No tengo el concepto ideal de lo que es el amor, tal vez lo confunda un poco con la atracción y el gusto, pero lo que si es cierto es, cuando alguien en realidad ama da como mejor puede cada parte de si sin esperar recibir lo mismo, porque de algo estoy segura el amor no es egoísta en lo absoluto.

 

Pero no todos estamos conscientes de ello, nos nublamos y empezamos a enamorarnos con profundidad de algo que a lo mejor no es más que solo un fetiche lleno de atracción y belleza exterior, cuando en realidad el amor verdadero está repleto de momentos de atención, de experimentar la vida en los malos y buenos momentos, de ver a la otra persona y saber que hay seguridad, confianza, comprensión, cariño y unión, y como si fuese poco saber cada día que eres su prioridad.

 

Ese es el amor que alguien siente por ti, y el que poco a poco te amarra para decirte muy cerca del oído que siente demasiado por ti, un amor meloso que te ha hecho ver la vida desde otra perspectiva y es que tal vez estabas acostumbrada a ser la segunda opción en la vida de alguien más, de esa persona que creías era el amor de tu vida.

 

Y es que no entiendo cómo nos podemos aferrar a lo que sabemos nos hace daño, lo que no es de nosotros porque ya es de alguien más, de una persona que ni siquiera mueve una uña por hacernos sentir especial. El amor no es solo cursi y te vuelve siego sordo y mudo, el amor es ese que te hace cambiar para bien, el que crece contigo y el que aún no logras comprender por completo, el que alguien más te da día a día.