A veces uno amanece con ganas de extinguirse… Como si fuéramos velitas sobre un pastel de alguien inapetente.

Con ganas de desaparecer para nunca más volver, y debería ser así.

 

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Si ya no nos sentimos a gusto al lado de alguien lo mejor es desaparecer, irse incluso sin despedirse, pero sería muy cobarde de nuestra parte. Creo que todos hemos llegado a sentir esta sensación en algún momento de nuestra vida, que sobramos, estamos de más en la vida de alguien que ha perdido el interés por nosotros.

 

Imagen: Weheartit.

 

Y no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta, son las acciones y las palabras del otro, que aunque sea muy decente muere por decirnos ¡Vete! ¡Aléjate de una vez ya! Es mejor retirarse que sentirse inadecuado en un sitio donde ya no se está a gusto con nosotros.

Existen esos días donde sentimos eso, donde somos las velas de un pastel, que se están consumiendo poco a poco, nos han soplado tanto que la mecha ha desaparecido junto con nuestras ganas de quedarnos. Quizás sea demasiado tarde ya para iniciar un fuego que ha desaparecido con el tiempo.

 

Imagen: Weheartit.

 

Tratar de salvar algo que poco a poco se ha venido destruyendo, donde ese pastel que incluso ambos construyeron juntos ya no le despierta apetito y ni siquiera ganas al otro. Porque una relación es de ambos, y la satisfacción debe ser igual sin importar quien soplara primero las velas de ese pastel.

Entonces, cuando amanezcamos con ganas de extinguirnos o sintamos sea necesario, es mejor aparatarse en silencio aunque tengamos todo el dolor del mundo por dentro, estaremos contribuyendo con nuestro tiempo y el suyo.

 

Imagen: Weheartit.