Ahora eres cicatriz ya no eres herida.

Después de miles de líneas y hojas pasar, ya no eres más una herida que duele con solo el correr del viento.

 

Te transformaste en una cicatriz, una muy leve y sin mayor riesgo. Estas, junto a todo ese montón de cicatrices que me ha regalado la vida, y permanecerás ahí como todas ellas sin importar más.

Logre sanar de una vez por todas esa herida que me quemaba lentamente, la que no podía ni siquiera sentir el rose del viento porque me dolía muy pero muy lentamente, a tal punto de hacer que derramara algunas lágrimas.

 

Pero ya fue suficiente, sequé mis ojos y los inmunicé de los efectos de tu recuerdo, pues hoy por fin puedo decir a los cuatro vientos que las heridas en mi cuerpo y mente con tu nombre solo son simples cicatrices que de alguna u otra forma debo agradecer. Sí, porque me hicieron lo que soy ahora, una mujer que no volverá a dejar pasar sus años tras una persona que no valora mi tiempo.

 

Crecí y por fin maduré, y junto a mí esas cicatrices están ahí para recordarme lo que fui y lo que seré ahora. Alguien mejor para mí, con los ojos bien abiertos a los que me quieran hacer daño, y dejando sanar heridas sin ser yo misma la  que esté una y otra vez tocándolas con su mano.

 

Hoy puedo decir, que ya no dueles, que ya no importa lo que me pida mi piel, pues a pesar de que la marcaste ella parece tener vida propia y sabe valorarse, ahora solo eres una pequeña marca que sabrá llevar por el resto de sus días.