Al cuerpo lo que él pida.

Es justo y necesario que le demos de vez en cuando comida al cuerpo, junto con todo lo necesario.

Nos restringimos amuchas veces por terror o quizás un poco de cautela, cuando es él mismo el encargado de pedir lo que de vez en cuando vale mucho la pena. No es solo vestimenta y mucho menos un plato sobre la mesa, es el sabor de lo desconocido, lo que te despega del suelo.

Y es justo ese apetito voraz lo que nos hace perder el control, en un mundo que parece quiere tenernos  siempre en ese estado. Es una pausa, una salida al recreo, lo que hace nos divirtamos por dentro cuando ya hemos perdido un poco la inocencia de ser niños.

Es divertirse alimentando al cuerpo y a la otra esencia que parece estar complacida por recibir justo lo mismo. Es un regalo, una ofrenda al cuerpo que parece ser casi necesaria. Es querer por un momento olvidarse de toda la catástrofe que significa ser adulto y querer tener el control absoluto, es bailar y reposar al mismo tiempo, ir al compás de los movimientos pero con un gran final.

Un final que sin lugar a duda siempre nos pide nuestro cuerpo, solo hay que estar atentos y saber escuchar, prestarle atención cuando de malas energías se quiera librar, porque es justo eso; alimentarse, liberarse y encontrarse con él mismo y con todo lo que puede ser capaz. Al cuerpo lo que le pida, y sin remordimientos.