El alcohol es un lubricante social.

Hace a los hombres más valientes y a nosotras… bueno a nosotras nos relaja un poco.

 

Imagen: Weheartit

 

No es que sea una salida adecuada, siempre he estado en contra de esa creencia pero no es mentira que en ciertas oportunidades recurrimos a él para olvidar algunas penas y saber llevar otras. Pero, esta no es una salida correcta sino más bien una distracción y el lubricante perfecto cuando se comparte entre dos, suaviza y aclara cualquier diferencia que pueda ser resuelta en la cama o contra la pared.

 

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Un detonante muy peligroso cuando las miradas se cruzan y las piernas empiezan a temblar, es un infiltrado que puede convertirse en el mejor amigo o en enemigo porque sin duda una cuanta dosis de él hace que se pierda la cordura.

 

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Incluso los hombres se vuelven “machos valientes” con unos cuantos mililitros de alcohol corriendo por sus venas, y nosotras nos transformamos en plumas en el aire, pero si no lo sabemos controlar podemos terminar siendo plumas sobre la cama del hombre. Y nada tiene de malo, pero la idea es disfrutar de un momento de placer sobrios y por lo menos recordar lo vivido al siguiente día.

 

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Pero bueno, no hay que sentirse culpable por todas esas escenas y recuerdos que vinieron a nuestra mente en este preciso momento donde ese lubricante hizo su trabajo, son hechos que ya no pueden ser eliminados de nuestra vida y del arrepentirse es solo un gesto de inmadurez, al fin y al cabo todos absolutamente todos pasamos por algo similar, y quienes no consumen ni una gota de alcohol en su vida en algún momento lo hicieron.

 

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La idea es distraerse no volverlo costumbre si estamos claros en cómo este lubricante social nos vuelve.

 

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