Algunas estamos hechas de vino y cigarrillos.

No todas estamos hechas a base de azúcar, especies y delicadeza.

 

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Algunas con el paso de los años, entre copas de vino y cigarrillos nos hemos transformado en diosas llenas de madurez y de eventualidades malas y buenas. Forjadas con hierro y con esencia de roble, a pesar de que se nos pueda considerar delicadas, llevamos una magia tan duradera por dentro que soportamos cualquier cosa.

 

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Porque no todas somos delicadas y sumisas, algunas somos tan atrevidas que solas sacamos a nuestra familia adelante, la mayoría auto suficiente e independiente, de esas que si se explota la llanta de su auto en plena calle, le sube el ruedo a su pantalón y se lanza debajo de su auto para repararlo, así de ruda somos.

Pero, más allá de parecer fuertes, estamos hechas un poco de nostalgia, esa que muchas veces hemos querido ahogar en unas cuantas copas de vino, pues llevamos un blusa negra colmada de cenizas de cigarrillo, los que quizás no hemos terminado de tanto pensar y recordar momentos vividos.

 

Imagen: Muymolon

 

Así somos, no tan dulces, no tan delicadas. A la espera de cualquier otro fracaso, pues sabemos que tendremos una copa de vino al lado y un cigarro a media noche el cual acabar. No todas aparentamos una vida perfecta, exenta de cicatrices, no todas somos luces y joyas, algunas preferimos el macramé y un atuendo relajado.

Algunas solo vivimos a nuestro modo, sin importar los antojos de la sociedad, las etiquetas y las modas, porque para nosotras no todo es color rosa y sabor dulce.

 

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