Algunas miradas deberían llevar protección.

Un gorrito de fiesta que la proteja de cualquier acción.

 

Algunas miradas son tan naturales, tan intimidantes, tan seductoras y tan ellas que por obligación deberían utilizar protección. Te penetran el alma, alcanzando lo más profundo de tus pensamientos con toda su fuerza, aferrándose sin ningún tipo de remordimiento a ellos.

Merecen protección de cualquier tipo, y es que con tan solo ser objeto de ellas te destrozan muy sutilmente. Te derriten el alma como se les da la  gana, y no hay para dónde agarrar.

 

Hacen contigo sin permiso lo que se les venga en gana y no hay mucha opción para vacilar, son miradas apasionadas que abusan de ti de cualquier manera que ellas mismas encuentren posible. Te desgarran el corazón y se adueñan de él, no les importa tan siquiera que tienes derecho a respirar pues incluso  te aceleran tanto que te bloquean este derecho.

 

Son miradas cautivadoras y llenas de adrenalina, te seducen y juegan incluso a quererte cuando en el fondo no es así, te arrastran por el camino hacia lo desconocido pretendiendo no dejarte ir, y aunque intentes salir ilesa es casi imposible con una mirada como esas delante de ti. Te llevan a la cama, a la esquina de la cocina o incluso al jardín, y sin importar cuál sea su color es su brillo el que te cautiva para nublar incluso tu mirada y voltear tu mundo de cabeza. Están ahí, para recordarte poco a poco que mereces ser tocada por ella, y aunque intentes escapar, ya es muy tarde cuando has caído terriblemente atraída por ella.