Aún guardo su aroma en mi mascada morada.

Si hay algo que haga que las endorfinas de mi cuerpo se activen un 100% es el rico y delicioso aroma de un caballero.

Ese aroma que emana su ropa, su piel. Es la perdición y la droga perfecta para mí; pues provoca que caiga terriblemente ante los brazos de ese ser, entonces ahí comienza una historia.

 

Imagen: Pinterest

 

Una cena y unas cuantas copas de vino quedaron cortas ante aquel aroma de piel, ese que aún conserva mi blusa en cada fibra de su tela, sin embargo mi mascada se lleva todas las entradas en primera fila para aquella noche donde unas cuantas risas se escapaban de nosotros y la tentación por rosar los labios aparecía a cada momento.

 

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Pero quien de verdad se robó toda mi atención más que sus labios y sonrisa fue el rico aroma del perfume que brotaba de él, quizás más que sus abrazos y su gesto de cariño fueron los que empañaron mi piel de ese delicioso aroma que hasta el día de hoy aún conservo.

 

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Y es que el sentido del olfato más que mi lado cursi está desarrollado, tal por eso me convierte en esclava de los olores de personas que llegan a mi vida, más sin embargo no todos se quedan en mi mascada morada, entonces creo ya fue bautizada por el dulce y rico aroma de un caballero que hasta ahora recuerdo más por su olor que por su nombre.

 

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Es inevitable, se vacío entre mi cuello y mi cabello ese aroma que pronto logre quitar, solo que entre mi mascada prefiero dejar el recuerdo de ese que me robo unos cuantos minutos y unos tantos besos saturados de pasión.