¡Bajito! que nos escuchan los vecinos.

En reiteradas ocasiones he dicho que no tenemos por qué estar dándole información de nuestra vida al resto del mundo, somos dueños de nuestros actos, pensamientos, palabras y estilo de vida sobre todo dueños de esta última palabra “vida” que se transforma en lo que hacemos día tras día.

 

Imagen: Weheartit

 

Igual sucede con nuestra vida amorosa y la intimidad, nadie tiene porque inmiscuirse en esa relación que solo nosotros disfrutamos con el otro, a quién le interesa si hacemos bulla o no, al final las mejores cosas deben reservarse solo para uno mismo. Qué necesidad hay que el mundo se entere de tu vida íntima, de tus gritos y arrebatos; si bien es cierto que de vez en cuando la adrenalina se nos sale de control, y nos importa un carajo que la multitud escuche tal vez sean esos oídos intrusos los que aceleran el momento de placer.

 

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Pero que esto solo suceda en ocasiones que contemos con los dedos de una sola mano, y sí; arrojarle toda la culpa como siempre a las hormonas, la euforia, la tentación, el deseo y el poco control que tenemos sobre nosotros mismos, lo restante es fingir demencia y… aquí nada sucedió. Se disfruto pero más nadie tiene derecho a ese placer.

 

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Y es que la intimidad es eso, algo “íntimo, propio y privado”, más que una necesidad corporal y física, la entrega de un todo sean cuales sean las circunstancias. Solo involucra a dos, a menos que se quieran cumplir algunas fantasías tipo película de más de media noche, de lo contrario los gritos y la saciedad se le pueden revelar solo a la otra persona involucrada.

 

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