Bendita sea la reconciliación después de una fuerte discusión.

Bendita sea esa reconciliación con final feliz después de una discusión sin sentido.

 

La reconciliación que de alguna u otra forma todos absolutamente todos buscamos, incluso cuando el conflicto sobre pasa los niveles de tolerancia entre ambos. Tal parece que entre más grave sea el conflicto, más nos sentimos atraídas a comportarnos mal en un final feliz aunque seamos nosotras las más berrinchudas aquí.

 

Nos encanta de alguna manera que esa persona nos coloque contra la pared y haga con nosotras lo que le venga en gana, de alguna manera esto es lo que buscamos, somos astutas y maestras en estas artes oscuras entre las sabanas.

Y ellos no se quedan atrás, de alguna manera les encanta buscarnos pelea pues al final saben obtendrán lo que tanto desean. Porque es una cuestión del organismo, donde la adrenalina se nos sube a otro nivel, nos convertimos en salvajes llenos ambos de pasión euforia y de toda esa rabia pasada que queremos liberar entre gemidos y sudor.

 

Y no podemos hacernos los tontos, si absolutamente todos buscamos esto y un poco más allá, pues incluso no nos conformamos con un solo encuentro sino miles de ellos cargados con la misma energía y euforia como queriéndonos decir a nosotros mismos que debemos tener una buena reconciliación final.

 

Somos humanos, y por nuestra sangre corre este tipo de libertades, para qué desperdiciar el tiempo con enojos sin finales cuando existen reconciliaciones tan únicas y buenas que solo se pueden vivir con quien nos saca canas de vez en cuando por ahí.