Cara de niña, alma de ninfómana y mente de criminal.

Caras vemos, corazones no sabemos.

 

Muchas somos las personas que vamos por ahí revelando lo que somos a medias, no por miedo o cobardía más bien por decisión. Preferimos estar a expensas de lo que los demás piensen, aunque en el fondo somos una mente muy sutilmente pervertida, ninfómana y con ganas de comerse a todo mortal apetitoso que se cruce en el camino.

 

Vamos por ahí, caminando con cara de bondad, revelándole al mundo que no hemos perdido esa cara de niña de “yo no fui” pero en el fondo somos una fiera con una mente criminal de donde quieren escapar una cantidad infinita de demonios que son difíciles de controlar. Están ahí, tocando la puerta de nuestra mente queriendo que pequemos y arrastremos todo a nuestro paso.

 

Pero, sin tener que culpar a los demonios en nuestro interior, en realidad son deseos escondidos que pronto quieren salir a retozar, porque por más que demostremos tranquilidad física por dentro somos un cuerpo que arde entre las llamas queriendo salir a jugar y retozar.

 

Y aunque tenga cara de niña, mi alma es el de una ninfómana queriendo hacer valer todos sus derechos y deberes sin importar si seré juzgada o no, con una mente tan ardiente y planificadora que casi podría decir es una criminal, me hace cometer pecados que por muchos serian envidiados, pero aun así no importa y es que reflejo al mundo rostro de bondad.

 

Angelical, silvestre  y con toda la voluntad de no cambiar jamás, y es que no importa lo que piense el mundo.