Competencia femenina.

Para nadie es un secreto que toda mujer tiene el toque de competitividad por dentro, siempre va querer estar por delante o por lo menos a la par de otras mujeres. A tal punto de querer imitar lo que ni siquiera son.

 

Imagen: Pinterest

 

No hay nada de malo, pero nada en querer verse bien, robar miradas y tal cual vez causar un par de pecados por ahí, lo verdaderamente malo sería perder la naturalidad que nos envuelve y dejar que lo artificial haga su trabajo. Pero también a veces no es solo físico, también personalidad.

 

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Y lo vemos en esas noches de salidas al bar con amigos y conocidos, agregando si en el grupo de amistades algunas se están conociendo, es muy peculiar cómo las miradas rebotan de lado a lado. Entre mujeres nos analizamos de pies a cabeza, cabello, piel, cuerpo, atuendo; todo parece ser una lista de ítems a cumplir para que algún mortal de la manada masculina te preste atención.

 

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Y todas, absolutamente todas hemos sentido esto alguna vez en nuestra vida, nos hierve la sangre si el caballero que llamo nuestra atención le presta la suya a otra que no sea nuestra esencia, algunas dan la batalla por perdida, pero otras entran al ruedo en busca de competencia.

 

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Es una lucha de poderes, tacones y labial. Los atributos salen a flote durante un par de minutos antes de que el alcohol se nos suba a la cabeza, somos tan competitivas que, por prestar atención a nuestra contrincante no nos percatamos que el amor de nuestra vida puede estar en aquel bar y nosotras ni tan siquiera nos damos cuenta