Con la adrenalina a flor de piel.

Porque de grandes volvemos a esos años de chiquillos donde la adrenalina se elevaba cuando salíamos a escondidas de nuestra casa, y no precisamente caminando y mucho menos por la puerta principal.

 

Imagen: Weheartit

 

A cierta edad esa adrenalina vuelve de la nada, y es una satisfacción enorme transformarse de nuevo en ese pequeño jovencito que una vez arriesgo todo por pasar un momento divertido. Solo que a esta edad esos momentos divertidos se traducen en besos y caricias rodeadas de un par de deseos ocultos. Es un alucinógeno y elixir de la vida querer vivir un momento así, fantasear con la locura de lo prohibido y entender que una vez más volvemos a una edad donde poco nos importaba qué pasara mañana.

 

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Con la adrenalina a flor de piel por no ser descubiertos, por no causar comentarios fuera de lo común cuando en el fondo sabemos que no estamos cometiendo ningún tipo de errores, son solo dos personas arrastradas por momentos de pasión, cariño y deseo tratando de pasar desapercibidos.

 

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Una edad perfecta para volver a sintetizar eso que pensábamos se había terminado, y no por causa de los años, más bien por miedo. Miedos absurdos que nos roban las ideas y los sueños, un poco más de eso también. Y es que ahora la adrenalina por lo complicado y poco convencional se encuentra a flor de piel, y por más que quizás trate de alejarme me sigo hundiendo en ese fogón que quema con esmero y le atribuye ventaja a la adrenalina en mi piel.

 

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