Con la piel y el alma llena de cicatrices.

Cicatrices… cada una con nombres y recuerdos en cada una de sus líneas y formas.

 

Imagen: Weheartit

 

El tiempo me ha enseñado a no volver a mi pasado, me mantengo en un presente firme y un poco escurridizo, lleno en su totalidad de una calurosa seguridad creada por mí y aunque mi rostro demuestre una total tranquilidad mi alma y piel llevan guardadas unas cuantas líneas que no se pueden borrar.

 

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Líneas hechas por mí, otras por personas y algunas por circunstancias de la vida que por su origen serán difíciles de olvidar. Pero, ya me acostumbre y sería un error tratar de arrancarlas; porque me formaron, me han acompañado gran parte de mi vida y hasta hoy me siguen recordando lo que fui, lo que soy y lo que realmente merezco.

 

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La mayoría dice que las cicatrices son productos de malos momentos y de cierto modo diría que sí, porque te rompen, fisura una parte de ti y sanarlas es un poco complicado, por lo que no se ocultan fácilmente, y tal cual como una cicatriz tatúan tu piel inclusive tu alma aunque no se puedan ver.

 

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Pero qué seriamos sin esas pequeñas marcas, aprendizaje que nos dio la vida y que hasta el sol de hoy nos siguen sacando lágrimas y sonrisas. Por mi parte, tanto mi alma y piel están marcadas por ellas, personas que han llegado a mi vida dejando rastro sobre ella, momentos que aún no se ha llevado el viento y circunstancias límite a las que me he enfrentado sin querer.