Con los silencios y la adrenalina guardada en la maleta.

Hay personas que simplemente no saben interpretar silencios.

Silencios que dicen más que las palabras que salen de nuestra boca. Que llegan como la primavera en septiembre. Un mes que da inicio a una nueva estación, así como renacemos nosotras. Entonces hacemos las maletas llenas de silencio y partimos cuando de sentirnos cómodas ya no se trata este cuento.

 

 

Sí, con los silencios que esa persona no sabe interpretar, ya no nos llena como solía hacerlo antes. La realidad es que ya ni siquiera nos tiemblan los huesos, y ese calor que subía entre las piernas desapareció junto al amor y la pasión que sentimos al iniciar este cuento que no tiene final feliz.

 

 

Él ni tan siquiera se daba cuenta, que era un personaje más aburrido dentro de esta historia. No interpretó mis silencios y mis noches sin poder dormir, todo pasaba frente a mi demasiado lento, ya no le extrañaba, solo quería que escuchara esos silencios que me sacudían por dentro.

Ya no quería quedarme, solamente que nos separaran miles de kilómetros ¿cómo algo puede cambiar tan drásticamente? Lo cierto es que sucede y cuando pasa ya no hay vuelta atrás, soy yo con mis maletas llenas de silencios que jamás quisieron ser escuchados, partiendo a lo lejos en un primaveral septiembre.

 

 

Y soy libre junto a lo que una vez fui. Salí de esa jaula en la que fui prisionera. No soy traicionera, sencillamente perdí el interés donde yo creí existiría siempre adrenalina, porque no solo nos debemos preocupar por las infidelidades, sino por todo eso que nos faltó cultivar y vivir.