Contigo ni siquiera hay que restar, y lo único que se multiplican son los besos.

Esas de las que tanto hablas y analizas lentamente, tratando de calcular cada paso que das. Encajas perfectamente conmigo aunque yo tenga el hemisferio derecho más desarrollado que el tuyo, tal vez sea por ello que encajamos tan bien en esta historia a la que cada vez le sumo más y más.

 

Imagen: Weheartit.

 

Contigo ni siquiera hay que restar, y lo único que se multiplican son besos, caricias y momentos especiales. Eres como esas ecuaciones que odiaba en el colegio, pero que finalmente aprendí a resolver, y aunque tu no seas tan fácil si eres diferente a los demás.

 

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Tan tú, tan matemático casi perfecto y exacto como esa ciencia, que incluso ese “casi” te hace todo lo imperfecto que yo quiero. Porque eres mejor que todas esas matemáticas que rondan por tu cabeza, y con las que tratas de deducir una probabilidad como yo.

Pero me encanta que sigas siendo así, tan meticuloso y calculador que ni siquiera tu sepas como explicarte y recurras a mí, tan imperfecta pero segura con sus pasos, que al verte resbala un poco caminando, porque eres natural, sin caretas, fresco y sencillo como siempre he querido, sencillamente eres tú.

 

Imagen: Weheartit.

 

Eres la división entre el antes y un después de mi vida, con el que entendí existían las diferencias y el “no todos son iguales”. Es tu madurez la que cultiva mis ganas de quedarme aferrada contigo, es física y química a la vez, más que esas matemáticas que incluso poco me importaban hasta que tú apareciste para darles forma. Pues era yo, alguien más atada a las artes que hasta el día de hoy aprende más de eso poco calculable, tú.

 

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