Creo firmemente en la flexibilidad en la que tienen mis labios cuando se juntan con los tuyo.

En la que tienen mis labios cuando se juntan con los tuyos y cuando mi cuer-po se une con el tuyo. Entonces todas esas posiciones extrañas e inusuales aparecen como si de una obra de teatro se tratase.

 

 

Por eso y la suavidad de nuestros labios moviéndose al compás del calor de nuestros cuerpos, creo firmemente en la flexibilidad. La que nos dirige como una orquesta sinfónica pero de caricias y miradas, donde nos perdemos por pequeños y jugamos a ser niños con luces de bengala en el viento.

 

 

Vamos en contra de todo, y lo que se presente en ese momento. Y es que solo importamos los dos, como si lo que existe afuera no valiese la pena para ambos. Es la flexibilidad la que se ha apoderado de nuestros cuerpos, del momento y de un circunstancia que por muy pasajera que sea, marca un antes y un después en nuestros días de ahora en adelanten.

 

 

Días que se han convertido aún más en parte de esta historia, y que no quiero negar. Cada uno me ha vuelto un aprendiz de gimnasia, a pesar de los kilos de más que pueda tener  encima, y eso a él no le importa, solo que seamos solo los dos y nuestros cuerpos en ese momento.

 

 

Porque de algo si estoy segura, el alma y el espíritu salen a jugar para complementarse en ese momento mientras que nuestros cuerpos se convierten en fuertes consumidores de la falibilidad.