Cuando el plato tiene dueño, a todo el mundo le da hambre.

Han escuchado esto, pasa muy seguido cuando por fin dejas tu vida de aventurera a morosa y sientas cabeza con alguien que vale la pena tener al lado. Entonces aparecen un centenar de arpías alrededor de ti, queriendo buscar las maneras de zafarte del brazo de tu galán.

 

Estas a la expectativa y aunque sabes que todos tus atributos hacen que esté junto a ti, empiezas a sentir un tanto de miedo por el riesgo que corres al estar cerca de arpías así. Y es que huelen el plato ajeno, lo que tú te comes durante las noches y lo que cada mañana viene acompañado con final feliz.

 

Y es que cuando el suculento plato tiene dueña, a las demás parece hacerles la boca agua esperando que les presten atención a ellas, empiezan a lanzar su mejores armas y a mostrar un poco de piel por ahí con tal de marear a ese plato que reposa en tu mesa.

 

Así que lo mejor que puedes hacer es cuidar y alimentar a ese mismo plato como quieres que lo hagan contigo. Y dejar las inseguridades a un lado, porque quien escoge estar contigo es porque así lo quiso y no tiene que andar buscando en otra parte lo que tiene a su lado.

 

De todas maneras como buena mujer que eres lo mejor es mantener tus alarmas al mando, por si viene alguna por ahí queriendo robarte el plato. Y seguridad ante todo, pues quien demuestra debilidad, regala sus puntos débiles así como si nada.