Mi dignidad vale más que tu compañía

Más que las migajas de tu presencia.

La verdad casi nunca está oculta, en realidad la tenemos en frente, en nuestras narices, solo que nos negamos a ver lo que pasa realmente. A veces por temor, a veces por no nos sentimos capaces, a veces por conveniencia, a veces porque nos sentimos obligados y otras porque simplemente no podemos.

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Volvemos perfectas a las personas incorrectas, todo hasta que en un momento, ya no podemos seguir con la farsa. Tratamos de forzar historias para que sean como queremos, cambiando la realidad y todo para mantener una vana ilusión.

La venda que llevamos en los ojos muchas veces es gruesa, es impenetrable y no nos dejan ver. La situación se sale de nuestras manos al no poder caer en cuenta de lo que aceptamos, porque llegamos a aceptar las cosas a medias: un corazón indiferente, un interés desgastado. Y lo sé por experiencia propia, nadie me lo ha contado. De hecho, habla la experiencia de tener un amor a medio caño.

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Enamorarme de un patán y no caer en cuenta de lo que era, fue un gran dolor. Pensé que el gran amor que le tenía podría cambiar algunas de tantas manías. La felicidad no existía en mi vida, pero si la fantasía de quien te pinta una realidad totalmente diferente en tu mente. Porque me acostumbre a creer que las peleas y discusiones, eran parte de un día normal y feliz en nuestras vidas.

Hice lo imposible para tenerlo a mi lado, como si fuera una valiosa personas y me conformaba con tan poco, me conformaba con caminar a su lado.

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El miedo de perderlo era inmenso, pero un día me miré al espejo y descubrí a una extraña mirando mi miserable vida. Y entonces tuve más miedo, más que perderlo de por vida, me dio terror ver cuánto había cambiado, al verme tan estúpida y ajena.

Entonces decidí buscar mi dignidad. Rebusqué en todos mis lados y esquinas. Hasta que lo encontré con otra cosa que creía perdida, mi orgullo de persona y el amor propio suficiente para decir basta de tantas mentiras.

Hoy ya no me enredas, hoy puedo estar aquí parada y ser tan fuerte como un roble, porque ahora lo único que me da pavor es perder mi preciada libertar y autonomía.