Él es alguien difícil.

Alguien difícil de olvidar, el que me lleno la mente de recuerdos y el corazón de demasiados argumentos.

Difícil en todos los aspectos y así lo he de llamar, pues paso por mi vida como un huracán. Se convirtió en algo peor que un lunes en la mañana pues tan solo pronunciar su nombre me hace tambalear. Es y se quedó descrito entre esas siete letras y aunque quisiera olvidarle por completo me lleno la mente de una tonta costumbre llena de recuerdos suyos.

Recuerdos que me persiguen como fantasmas reclamando derechos que no son suyos, los que por propiedad conservo como solo míos y los que hasta hoy también me son difíciles de ocultar.

Salen y se pasean frente a mí descaradamente, reprochándome cada día lo difícil de todo esto para mí. Lo tan contraproducente que pueden ser las cosas y las personas en exceso, más si vienen repletas de su aroma y de esa curva que se dibuja en su rostro por completo.

Porque es eso y mucho más lo que lo hace ser una persona difícil de olvidar, tan exquisitamente imperfecto como singular. Fueron sus acciones las que me desequilibraron por completo, sus caricias y besos los que hoy reclaman mi corazón, y aunque detesto lo cursi que pueda ser, incluso eso es tan difícil de ocultar pues fue él mismo quien lo logro sacar de mi cuerpo.

El que ahora solo lo busca entre sueños, como un niño extrañando el globo que se llevo el viento, y es que ya es difícil de recuperar.