Él es una invitación tentadora.

Una invitación que siempre está ahí, una tarjeta hacia la perdición, lo desconocido, lo tentador, verbos de algo que ya empezó pero no ha sido concretado.

 

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Él está ahí a mi disposición, un mensaje bastaría para caer. Está esperando un tropiezo de mi parte, la más mínima intención de colocarle puntos suspensivos a esta historia, una de esas que parece ser sacada de alguna película de aventura.

Pues ha sido una aventura bastante tentadora y provocativa para mí, su esencia aun me cautiva y se convierte en el mejor guía turístico hacia sus labios, con algunas entradas preliminares hasta su cuello. Es él y su peculiar forma de tratarme y aunque sé existen ciertos comodines extras es inevitable no pensar caer en tentación.

 

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Una tentación que está latente día y noche, cuando llama y con su exquisita voz me quiere arrastrar hasta su cama, una que no probé pero que sigue ahí esperando por probarme a mí. Y es que su manera es tan peculiar que creo, su cama sería algo muy común y silvestre parar romper el hielo, aunque entre los dos ese hielo no exista en lo absoluto.

 

Imagen: Weheartit

 

Nos derretimos y el frío se hace más denso cuando estamos uno frente al otro, el calor aparece robando escena mientras el frío ensordecedor de esta gran ciudad pasa a ser un espectador de las escenas de besos más picantes y provocativas, así estamos; en la cúspide de un delito para los dos, porque aunque quisiera mantenerme alejada de la tentación él en definitiva ya es una hecha carne y hueso que se comporta como invitación.

 

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