El frío de su espalada.

Es el frío de su espalda lo único a lo que me sujeto.

Aunque busque calor en él, parece ser que solo yo lo llevo dentro. Me junto a él, trato de mezclarme con su esencia y quizás de calmar un poco todo este calor que brota de mí.

Porque aunque sin creerlo, hiervo y quemo; entonces él entra en juego para persuadir ese fuego. Es mi calma, mi serenidad, mi mejor camino para andar; su espalda se ha convertido en mi reposo, en algo refrescante para este verano que parece siempre existir dentro de mí.

Eso que me desespera junto a las altas temperaturas externas, pero al final siempre estará él, con el frío de su espalda frente a mí. Porque después de un largo sueño, el despertar se vuelve ameno cuando encuentro la calma bajando de su cuello.

Se ha convertido en la calma después de la tormenta, en el agua que aplaca el fuego y en el viento que me refresca sin titubear. Es todo lo que yo no soy y quizás un poco más. Puede ser incluso fuego, aunque el frío lo desvista desde la mañana, y es que tiene una forma tan particular de ser solo él, que es una metamorfosis andante, algo complejo y peculiar.

Me cambia, me transforma y al final me adopta; como solo suya para compartir debajo de las sabanas el frío de su espalda que yo trato de amortiguar, aunque me encanta y me cautiva pues solo el neutraliza el fuego que se aviva aquí.