El jardín que me ofreciste solo dio espinas.

El tan majestuoso jardín que me ofreciste no dio el néctar de las abejas.

 

Un jardín en el cual solo nacieron espinas formando un alambre de púas de cualquier matorral. Está lleno de una cantidad grosera de intrigas y mentiras que tú mismo te encargaste de sembrar, de donde lastimosamente solo florecieron espinas y ni siquiera una bella flor a la cual tocar.

 

Y es que lo único que se observó y se palpo en el camino de esta historia fueron el centenar de espinas que insististe en cultivar. Cada una de ellas diferente a la otra, encargada de mostrar un camino algo gris y poco divertido.

 

Solo dio espinas que me lastimaron aunque no quisiera observar, quise disimular todo lo ocurrido pero fue casi perdido no salir lastimada de todo este laberinto, y es que te encargaste de manipular las cosas a tu modo haciendo de esos momentos contigo algo punzante para mi corazón. Incluso la pasión se nos calló de la cama para no volver jamás, eso que una vez dijimos sentir se perdió entre las sabanas de lo desconocido.

 

Porque más que algo lleno de colores, frescura y olor fue un amor que desvaneció entre las cenizas de lo que al principio parecía ser un jardín lleno de rosas, y aunque pretendiste venderme esto a mí y a los expectantes externos, fue demasiado notorio que más que flores era un jardín donde solo nacían espinas, unas más grandes y peligrosas que otras, llenas de mentiras, engaños y falsedades detrás de un rostro que parecía ser generoso.