El silencio es la mejor respuesta.

Una decidida y rotunda respuesta que no necesita ni siquiera entrada y mucho menos bienvenidas.

El silencio es la mejor respuesta cuando las palabras no quieren salir a relucir ante acciones indiscretas. Cuando la inteligencia pasa a segundo plano por culpa de una falta de consciencia que vuelve en algarabía la indiscreción.

Y no solo para ello, pues cuando existe incomodidad y madurez para discutir cuartadas absurdas, el silencio es la mejor entrada para no continuar. Ese que ensordece la vida de los demás, la que parece incomodarle a los escandalosos y habladores que no miden sus palabras.

Un silencio que responde a la falta de amistad de compañerismo y lealtad, porque muchas veces la “ley del hielo” es más significativa cuando no sentimos la presencia de los que creemos importantes en nuestra vida. Y no es inmadurez, sencillamente es la forma de responderle a las personas que buscan de ti solo cuando estas en la mejor parte de tu vida.

Porque sí, las mejores respuestas no son las que salen de la boca sino de las acciones. No insistir en lo que hace daño y mucho menos en la falta de consistencia en la razón. Y es algo que se aprende con el tiempo después de muchas discusiones y pérdida de emociones, lo que cada etapa de la vida nos enseña cuando maduramos y entendemos.

Es así como avanzamos sin detenernos, porque cuando aparecen terceros tratando de opacar tus sueños el silencio es la mejor respuesta para ellos.