Él tiene la calentura que a mí me encanta.

Lleva ese fuego por dentro que parece desesperarlo un poco, se deja llevar por cada momento que le bate la mente como si nada más tranquilo pasara por ahí.

 

Se ha convertido entonces en una ráfaga de fugo que me encanta sobre todo cuando me coloca frente a la pared. Es inevitable no caer en su red y por más de que intente pasar desapercibida ante él, lo invito sin querer, me insinuó con mi piel y eso parece encenderlo de manera turbulenta una y otra vez.

 

Y no es que lo haga a propósito, de algún modo es inevitable que él se derrumbe ante mis pies, es como si nunca antes encontrase alguien como yo y ahora le llegó el momento de perder el control, se desenfoca, y salen de sus piel todos esos demonios que me invita a conocer, está ahí entonces para invitarme día tras días a que este junto a él.

 

Es esa calentura, la que me desenfoca y hace que pierda mi control también, se alborotan nuestras ganas y de manera inexplicable algo comienza arder, es entonces el primer beso el que desencadena lo que viene después, sus manos me desabrochan poco a poco lo que cubre mi piel, es la calentura haciendo todo su efecto en medio de los dos.

 

Esa sensación que me desencadena el alma y me llena de moción, porque incluso me contagia esas ganas que lleva dentro y me las pasa por medio de sus apasionados besos.