Eres mi mano turca, mi amuleto de la buena suerte.

No soy de creer mucho en estas cosas, pero puedo afirmar que llegaste a mi vida para convertirte de manera muy singular en mi amuleto de la buena suerte. Un amuleto que no pienso soltar a menos que sea él quien no quiera estar más junto a mí.

 

Lo conservo y lo cuido como un regalo del destino, más que solo eso agradezco con naturalidad su presencia aquí en mi vida por unos cuantos años más. Se ha convertido en un necesidad limpia, más no en un capricho de adolescente. Porque desde que apareció en mi vida, han llegado a mi cosas y situaciones verdaderamente gratificantes que no puedo desperdiciar.

 

Creo que ha sido mi manera de ver las cosas cuando su compañía me persigue por ahí, no es que sea necesario pero si me ha convertido en alguien más especial, que sin duda atrae a su vida toda la buena vibra posible que una vez se escondió tras de mí.

 

Sí, tú te has convertido entonces en mi amuleto de la buena suerte, y estoy casi segura que lo mismo sucede de mi parte para ti, somos dos mortales que el destino decidió colocar de frente para que casa uno decidiera cómo seguir viendo las cosas de ahora en adelante y hasta siempre, a menos que alguno decida cortar esta racha de ser feliz.

 

Porque sé, que ambos nos merecíamos un “felices para siempre” junto a las personas correctas que sumaran a nuestras vidas, más que los amores del pasado que no supieron ser nuestros amuletos de la buena suerte.