Eterna soltería.

Eterna soltería que quisiera vivir el resto de mi vida.

 

Imagen: Weheartit

 

Estar “Soltera” o “sola”, no sabría cómo describirlo. Un estado tal vez en el que nadie está a nuestro lado físicamente pero por dentro estamos tan pero tan tragados por la otra persona que ya no nos sentimos solo nuestros.

 

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Se puede estar terriblemente enamorada de alguien pero no poder estar con él, como también estar pero no sentir mayor cosa. Es confuso, pero creo que eso de estar “soltera” conlleva más que un estado emocional y físico a algo llamado libertad.

Una libertad que yo tengo desde hace un buen tiempo atrás, un estado que aún no sé cómo dejar, y por más que aparezcan sapos en mi vida no logro convertir a ninguno en príncipe. Quizás el miedo me invade, no sabría cómo iniciar algo sin tener que colocar en riesgo esa independencia y sobriedad que me caracteriza.

 

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En definitiva estoy casada con mi soltería. Ese eterno estado de plenitud donde hago lo que a mí se me venga en gana, y que por miedo a cometer cualquier error prefiero mantenerla ahí intacta. Y aunque en varias oportunidades he tenido la necesidad y las ganas de separarme de ella, algo dentro de mí me lo impide.

 

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El confort se hizo cruelmente su amiga más poderosa, esa estabilidad que yo he construido bajo mis hombros y dentro de un círculo donde nadie más puede entrar. Sin dejar atrás la soledad que a veces la acompaña, esa que con los años empezó aparecer con más y más fuerza, porque aunque digamos que nos sentimos a gusto con nuestra eterna soltería –siempre será bueno vivirla- existe esa tan peligrosa soledad que nos abraza en silencio.