Florecer exige pasar por todas las estaciones.

La vida y sus etapas, esas que con orgullo y valentía debemos pasar.
Hay quienes se quedan estancadas en alguna etapa de su vida, o se adelantan demasiado y más adelante cuando debería ser su momento se sienten arrepentidas. La única etapa que creo disfrutamos por igual es la niñez, esos momentos de travesuras, muñecas y cero estrés, solo dependemos de nuestros padres y nuestra única preocupación es si habrá postre o no al final de la comida.

Imagen: Weheartit

Cuando llegamos a la adolescencia entramos en crisis por culpa de nuestras hormonas, y hacemos de nuestro corazón un desastre total, producto de nosotras mismas. Es entonces cuando esos insectos apestosos llamados mariposas se encierran en nuestro estómago. Muchas chicas no saben cómo lidiar con ellas y se precipitan a una edad prematura, sin ni siquiera esperar a quemar esta etapa de su vida donde aún están como un capullo.

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Entre los veinte y tantos; entre la Universidad, fiestas, aventuras, noviazgos y quizás el primer empleo, la madurez se asoma más a nuestra vida. Empezamos a descubrir lo que queremos y lo que no, o tan solo queremos vivir el momento y hacer todas esas locuras que en quince años ya no lucirían muy bien. Uno o dos hombres pasan por nuestra vida, y tal vez seguimos otorgándole más importancia al corazón que a la razón. Somos una rosa a punto de abrirse pero con las hojas muy chicas.

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Ya casi pisando los treinta, la historia cambia un poco. Ya no son uno o dos los hombres que pasan por nuestra vida, la lista es algo interminable y hasta nos puede sonrojar. Pero al carajo; aprendimos a cuidar más nuestro cuerpo y corazón, este último quizás pasa a segundo plano y la mente entra en el juego con más cautela y dirección. Sabemos qué queremos, cuándo y cómo, somos la jefa de nuestra vida y aunque las fiestas continúen las disfrutamos desde otra perspectiva, la lista de amigas se reduce un poco al igual que las lágrimas por corazones rotos en nuestro rostro.

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De los treinta en adelante todo es incierto para mí, espero con orgullo ese tercer escalón y lo que él me depara. Sin duda he sido como una flor y estoy a punto de florecer con orgullo pues he sabido disfrutar el proceso de mi vida sin adelantarme y menos quedarme atrás. Y es que así debería ser, aunque cada cabeza es un mundo y cada quien haga lo que quiera con su vida, la independencia es algo gratificante y de crecimiento, la soltería es la mejor carta bajo la manga y la edad solo un número que nos da la cortesía a ciertos eventos en este mundo.

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Sin duda, florecer no es solo un proceso de las plantas. Nosotras somos musas de la vida cruzar cada una de las estaciones con valentía y orgullo es la mejor manera de madurar.

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