Frases que humedecen a cualquiera.

No me tientes, si nos tentamos no nos podremos olvidar.

Mario Benedetti. 

Una frase perfecta para esas insinuaciones que a parecen de la nada, con las que quieres decir mucho y a la vez poco. Todo queda a la imaginación.

 

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Embriágame a caricias, bésame hasta que caiga en coma.

Aldox Huxley.

Directa, para esas ocasiones donde le quieres ver. Don quizas las palabras sobren un poco, y solo se quiera ver acción. Los preámbulos también son importantes.

Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.

Eduardo Galeno.

Para cuando aún no hay nada. Pero los labios y las miradas hablan por si solos, cuando quieres decirle mucho a esa persona, y no te atreves cómo hacerlo. Recurre a frases como estas.

 

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Pero qué nos importa la opinión de la gente fría, siempre que nuestras almas, más ardientes y más nobles que las suyas, sepan disfrutar de lo que ellos no perciben.

Marqués de Sade. 

Así es, tan sencillo como eso. Cuando sientes mucho por esa persona que te corta hasta la respiración, el resto del mundo no importa, más si ambos saben son uno para el otro.

Te quiero para volvernos locos de risa, ebrios de nada y pasar sin prisa por las calles, eso sí, tomados de la mano, mejor dicho… del corazón.

Mario Benedetti.

Amor, amor, puro y sincero. Esos amores donde volvemos a ser niños llenos de ilusiones y de seguridad, donde se corre pero también se termina con un beso apasionado, eso si es un sentimiento.

 

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Tú no eres ni circunstancia ni accidente -te lo he dicho-, tú eres intimidad, esencia.

Jaime Sabines.

Todos, hombres y mujeres somos esencias en la vida de ese otro que nos robo el corazón y la atención. Una intimidad vestida de carne que nos vuelve adicto a ella.

Un día llegará el día, el día de abrazarte, de desnudarte por fin de tanta ropa y tanta espera. 

Julio Cortázar. 

Y tu dices -¡Aquí estoy, en tu espera!- porque esperas que eso ocurra con quien te desvela.

 

Imagen: Weheartit.