Frases de Simone de Beauvoir con las que sin duda te vas a identificar

Simone de Beauvoir es una figura feminista que nos has marcado a grandes rasgos. Por eso en esta ocasión vengo a dejarles algunas de las frases que me topé leyendo su libro “La mujer rota”.

  • El mundo se crea bajo mis ojos en un eterno presente; me habitúo tan rápido a sus rostros que no me parece que cambiara.
  • Quedé desamparada. La tristeza, uno puede llorarla. Pero la impaciencia de la alegría no es fácil de conjurar.

 

  • Lo había querido en sus debilidades: menos caprichoso, menos indolente, habría tenido menos necesidad de mí. No habría sido tan deliciosamente tierno si no hubiera tenido nada que hacerse perdonar. Nuestras reconciliaciones, sus lágrimas, nuestros besos.

 

  • De esta lenta gestación van a nacer frutos inesperados. Esta aventura de la cual he participado apasionadamente no ha terminado: la duda, el fracaso, el tedio de los estancamientos, luego una luz de entrevista, una esperanza, una hipótesis confirmada; después de semanas y meses de paciencia ansiosa, la embriaguez del éxito.

 

  • Niña, adolescente, los libros me salvaron de la desesperación; eso me persuadió de que la cultura es el más alto de los valores, y no logro considerar esta convicción con mirada crítica.

 

  • Hay que hacer lo que uno tiene ganas de hacer.

 

  • ¿Me acostumbraré a este silencio, al curso formal de los días que ningún imprevisto quebrará ya?

 

  • Y él elegía apartarse de mí, romper nuestras complicidades, rechazar la vida que al precio de tantos esfuerzos le había edificado. Se volverá un extraño.

 

  • Y no tenía aspecto feliz. Ya no me amaba como antes. ¿Qué significaba amar, para él, hoy día? Estaba aferrado a mí como a una vieja costumbre pero yo no le aportaba ninguna alegría. Acaso era injusto, pero le guardaba rencor: él accedía a esta indiferencia, se instalaba en ella.

 

  • Nos creía transparentes el uno para el otro, unidos, soldados como hermanos siameses. Se había desligado de mí, me había mentido: volvía a encontrarme sobre esta banqueta, sola. A cada segundo, al evocar su rostro, su voz, se atizaba un rencor que me devastaba. Como en esas enfermedades en las que uno se forja su propio sufrimiento, cada inspiración desgarra los pulmones y sin embargo uno está obligado a respirar.

 

  • Llaman indulgencia, sabiduría, a esta inercia del corazón: es la muerte que se instala en nosotros.

 

  • Comprendo que estés abatida. Pero no te atormentes demasiado. Por el momento se impone forzosamente el vacío. Y después, un día, una idea aparece.

 

  • Créanme, llega un momento en el cual es necesario saber romper el contacto.

 

  • Cuando se está tan abajo, no se puede más que subir.