Fuimos nada, aunque ganas de amar no me faltó

Me enamoré de un chico que solo he visto una vez en mi vida, sé que es un poco lamentable, es un  eufemismo, porque la verdad es patético y es así como me siento.  Nadie puede querer alguien que solo ha visto una vez, pero las razones por las que yo me enamoré fueron más que una cara bonita y un cuerpo atractivo. Me enganché a él, sin darme cuenta, cada día alimentaba más el sentimiento por él y fue creciendo de una manera desmesurada.

 

 

Imagen: Weheartit

 

 

Si alguien me hubiera dicho que me iba a enamorar de un chico que conocí en el paradero a casa, que me pidió mi número y se lo di porque me parecía ligeramente guapo. Lo hubiera tomado por loco.

 

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Desde entonces chateábamos  todos los días y por las noches nos poníamos a filosofar de la vida. Que bien se sentía entre nosotros, había “feeling” del bueno. Pasaron algunas semanas  y la verdad yo me sentía  muy ansiosa por que me invite al cine, al parque o algún lado. Sin embargo no lo hizo, aunque después de un mes me invitó a su casa para “ver una película”, era obvio lo que quería, así que le dije que no tenía ganas y gracias. No lo tomó muy bien porque no me escribió durante tres días, yo tampoco hice nada para comunicarme con él.

 

 

 

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Todo volvió a la rutina de antes, conversábamos y la pasábamos bien, aunque siempre me mandaba indirectas con que vaya a su casa. Y yo le invité al cine ya que él no lo hacía, pero salió con excusas machistas. Me estaba empezando a cansar.

 

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No recuerdo pero  dejamos de hablarnos por un mes, en ese entonces no esta tan enamorada o quizá no me había dado cuenta. Volvimos a retomar “lo nuestro”. En una llamada se me declaró y yo le respondí que él también me gustaba. Pensé que todo mejoraría, sin embargo esa fue la última vez que conversamos.