Hablemos hasta gastar el idioma.

Hasta que se agote nuestra voz. Hablemos de todo eso que nos hace falta, lo que nos domina por dentro y no sabemos cómo resolver.

 

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Hablemos hasta que nuestros días finalicen, y ya no queden muchos temas de conversación, pues sé que contigo mi inspiración se coloca a flote de algo nuevo y mejor. Porque estas presente, y en mi idioma, no hablar de nuestros intereses propios es colocar la relación a fuego lento, un fuego externo muy alejado de lo pasional.

 

Imagen: Weheartit.

 

Hablando siempre se solucionan las cosas, dicen por ahí. Figurando en palabras todas esas tristezas, felicidades, inquietudes, inconvenientes etc, etc, etc.. Conversaciones que se hacen más sinceras durante la noche, e incluso envueltos en las sabanas sin reproches. Porque me siento bien, cuando de la nada terminamos compartiendo palabras luego de unos cuantos minutos llenos de pa-sión.

Es la conclusión perfecta que demuestra la hemos pasado genial. Algo que sin importar la nacionalidad y el idioma debe faltar, esas conversaciones largas entre dos.

 

Imagen: Weheartit.

 

Así que hablen y hablemos hasta que se nos malgaste la voz, incluso hagámoslo con nuestras miradas colándose con las del otro, esa persona que nos llena de emoción con tan solo una mirada. Quien sin tocarnos acaba con nuestro idioma, pues nos descontrola y hace que distorsionemos la voz. Y es que existen mil maneras de comunicarse, pero un solo idioma cuando ese alguien está a nuestro lado, arriba o incluso abajo, aunque muy bien sabemos que en momentos como estos las palabras tienen poco valor y la comunicación es otra.

 

Imagen: Weheartit.