Hace ya muchos besos que no se de tus labios.

Hace ya kilómetros y años luz que no sé nada de tu piel, de esa singularidad que te caracteriza y que no quisiera perder. De esa manera tan singular en la que marcas tu territorio como si no importara nada más.

 

Hace ya muchas horas de besos que no sé del jardín de tus labios, de esa carnosa piel que cuelga de tu rostro y me arrastra hacia él. Te convertiste entonces en un antídoto que guarda todo su veneno en esos labios.

Pero, aun así no sé nada de ti; el tiempo se desvanece entre ambos, una distancia que cuento con besos, por todos los que te debo, los que nos debemos  y los que quiero algún día se den. Te has guardado a tu manera en cada parte de mi ser, como dije marcaste tu tierra de la mejor forma.

 

Y es que,  a quien no lo han marcado así. Hay personas que llegan a nuestra vida para hacer de las suyas sin importarles nada más, observan tu punto débil, te toman y más nunca te quieren soltar, porque a pesar de no estar contigo toman tu mente como suya llenándola de momentos que se transforman en recuerdos.

 

Y todos esos besos forman parte de eso, los robados, los dados con pasión, los que de alguna u otra forma se dieron sin razón, recordando por siempre y de la manera más cursi el primero. Ese que hoy desde hace mucho tiempo te hace extrañar sus labios y querer que estén más cerca de ti.