¿Halagada o aprisionada?

Todas en algún momento de nuestra larga existencia hemos pasado por esto. Llegamos a un momento en nuestra vida, o quizás ya lo estemos viviendo donde los halagos y las miradas por el sexo opuesto son más frecuentes. Bueno, para algunas mujeres esto es el pan de cada día, pero para quienes actualmente lo vemos con más intensidad esto nos suele causar un poco de miedo.

 

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No sabemos si sentirnos alagadas o aprisionadas, y no es que seamos las ultimas coca-colas del desierto pero sí un cisne con perfume de mujer que hace detener miradas y aumentar la frecuencia cardíaca de muchos corazones.

A pesar de que eso nos haga sentir cautivadas la intriga entra de por medio, y un poco de miedo comienza aparecer, es tan constante eso de que te pregunten “Tienes novio” que ya tu última opción es uno imaginario con tantas cualidades juntas que solo tú te las crees. Pero es eso, nos sentimos acorralas como vacas de granja, mientras nos observan para ver cuál es la más bonita para salir a vender.

 

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Ni siquiera tú te crees por qué recibes tantos halagos juntos, por qué tantos hombres te miran como musa de deseo, y esos halagos que escapan de su boca a tal punto que no sabes qué sucede contigo o si fue que caíste en un mundo desconocido donde tú eres el premio.

 

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Más cuando algo llamado femisidio se ha vuelto tendencia, no sabes que loco ande por ahí teniendo sueños húmedos contigo, mientras tú solo saludas con simpatía, porque sencillamente eso es parte de tu disco duro. Diría que debemos tener cuidado, pero cómo le haríamos ¿andaríamos con una bolsa en la cabeza? o ¿amargadas todo el día? Solo nos queda hacernos una cruz y salir de casa.

 

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