Hasta para hablar sucio se necesita inteligencia y elegancia.

Para escuchar todas esas melodías convertidas en palabras pervertidas que solo puede decirse cuando hay tanto deseo de por medio. Pero incluso para esto se necesita más que solo provocación, una pizca de inteligencia y elegancia para caer completamente ante los pies de quien nos habla.

 

No se trata de trucos y mucho menos de poner en práctica técnicas sobre naturales, solo se necesita de una mente abierta llena de intelectualidad, sí; de eso que muchos no parecen tener más. La elegancia es algo que no se puede perder, aunque nos encanten las palabras y oraciones pervertidas, esta no puede quedarse atrás cuando nos encanta que nos sonsaquen lentamente.

 

Y es que las palabras son poderosas cuando de amor, pasión y tentación se trata; nos atrapan y hacen hacer lentamente para no dejarnos jamás; están ahí para decirnos una y otra vez cuál es el motivo para sentirnos tan atraídos por alguien más. Es la manera más sutil de invitación, la que de alguna u otra forma abre los caminos directo a la perdición.

 

Pero hay que insinuar con educación y elegancia, no para resaltar más sin embargo para cautivar más, escuchar esas melodiosas palabras que nos atrapan para hacer de nuestro cuerpo lo que se les dé la gana. Y es que todo eso nos atrapa e incluso nos convierte en algo similar, poetas de lo prohibido pero tentador al final. Porque de nada vale cuerpos y caras perfectas, cuando por nuestra boca no salen las palabras adecuadas para desencadenar unas cuantas revolcadas.