Hay que darle de comer a los sentidos.

 

 

Imagen: Weheartit.

 

No parecer siempre las mujeres serias, condescendientes y tímidas, cuando en el fondo queremos más de lo que aparentamos. Dejemos a un lado esos básicos gustos que creemos llenan nuestras expectativas. Dejémonos embriagar y nuestros sentidos también por todo eso que nos haga perdernos de placer.

 

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Minutos y segundos rodeados de otra piel, porque sí, tal parece que esa otra piel es la única que alimenta todos nuestros sentidos de una vez. Es algo tan primoroso, tan simple y poco comprensible, todo lo cubre; esa otra piel es quien nos hace enloquecer.

No nos impidamos esos minutos y segundos, no nos neguemos al deseo, a lo que el placer y la lujuria nos brindan, pues no solamente nuestros sentidos se ven satisfechos, el espíritu y el alma también. Dos cosas intangibles que nos cubren desde el interior y que en ocasiones como estas dejan todo sobre el ruedo. Así somos, cuando queremos, cuando nos lo proponemos.

 

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Tan exquisitas y llenas de fuego, de una suave brisa que acaricia el cuello del otro individuo a tal punto de hacerlo enloquecer también. No se duerme, solo se siente, se alimentan los sentidos, el alma y el espíritu.

Porque se deben alimentar; y darle de beber a la piel, a la nuestra, a la otra, hasta el punto de solo convertirla en una, tan sedienta, ardiente que haga de ese momento único y resplandeciente.

 

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