Hay que verse uno mismo para entender que la belleza existe.

Hay que verse uno mismo por dentro para entender que la belleza existe, de que nada es perfecto y por supuesto de que somos únicos, en pocas palabras no somos iguales que nadie.

 

Hay que verse uno mismo frente al espejo y darse cuenta de una vez por todas, todo lo que ese reflejo es capaz de hacer, de lograr, incluso sin ayuda de nadie. Porque aunque no podamos solos con muchas cosas, otras al contrario son hechas para valientes como nosotros.

 

Y la valentía es una virtud, una que viene junto al agradecimiento y la humildad, porque quienes crecemos con eso entendemos al pasar de los días, que quien da recibe el doble sin que sea nada material. Es otra de las cosas que nos hace sumamente especiales y únicos en este planeta, donde algunos solo piensan en si mismos, mientras que el resto somos almas defensoras de los nuestros, protectores por naturaleza.

 

Hay que estar consciente de que eso no todo el mundo lo tiene, y a pesar de a veces querer dar más, hay límites que te enseñan de qué estas hecho, de eso que te hace hermosa frente al espejo. Y es que la belleza no se lleva en la piel sino en el espíritu que llevas dentro y solo te das cuenta de eso cuando dejas huellas y otros te agradecen por seguir viviendo.

 

En definitiva, uno debe verse a sí mismo y sentir con el alma todo lo que lleva dentro, lo que lo hace cada día aún más distinto a los demás, porque la belleza interna es lo único que deja una huella en este mundo lleno de espejos.