Hoy no tengo ganas de darle cuerda al corazón.

Hay días en los que sinceramente no existe en mí ni las más mínimas ganas de activar el corazón. Es como si perdiera toda la motivación existente y en vez de compartir con alguien más, quisiera quedarme a solas en algún lugar.

 

No saber de todos esos sentimientos que muchas veces acarrean con el corazón, la mente y el cuerpo; huir de todo eso que por instantes nos convierte en personas cursis y llenas de mucho pero mucho dulce por dentro. Y no es un acto de cobardía querer huir del amor; más si un acto de valentía querer defender el propio de los daños que pueda causar otro.

 

Sí, hay días como hoy donde el corazón y la mente cierran por inventario y no quieren dejar entrar clientes, porque ambos están involucrados. No tengo nada de ganas de darle cuerda al corazón, ni siquiera de pedirle su opinión, está en modo neutro esperando a que yo le de alguna orden y siga aferrándose a algo, por ser su trabajo.

 

Hoy, en definitiva solo quiero ser yo; no quiero extras en mi día y mucho menos a alguien por qué preocuparme si me quiere o no. Hoy puedo decir, soy una persona gris, y prefiero permanecer así por unos días; dejar los dolores de cabeza que a veces me puede producir amar demasiado, porque incluso cuando queremos como lo hago yo, el amor nos succiona sin pensarlo, entregamos poco a poco todo sin percatarnos, hasta llegar a días como el de hoy.