Intimidante. De eso todas tenemos un poco.

Porque con el tiempo uno aprende a intimidar a otras personas.

Se convierte en esa mujer de personalidad atractiva y provocadora que despierta un centenar de pasiones perdidas. Y no es una cuestión que con el tiempo se aprenda, más sin embargo llegamos a una edad donde el aroma más escondido dentro de nuestra piel sale a relucir entre la nada.

 

Imagen: Weheartit

 

Una mujer intimidante no es más que un humano capaz de hacer sentir cosas inexplicables en el otro, sobre todo en esos hombres que se ven atraídos hacia ella. No importa la edad, el género o la cultura; es el resultado de una esencia tan exótica que ni ella misma entiende cómo algo así puede suceder.

 

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Intimida con su presencia, y no es algo malo que esconda dentro de ella, sencillamente es el misterio que le embarga por dentro quien provoca que los demás se sientan unos tontos con el simple hecho de hablar con ella. Una mujer intimidante es aquella que una vez se sintió intimidada por el resto de mortales, la que no estuvo durante mucho tiempo feliz con lo que era, pero que ahora se siente tan orgullosa de lo que se ha convertido que sin querer opaca a todo quien se acerca.

 

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No se sabe si es su intelecto o su dialecto, no existe explicación alguna cuando una sola persona puede causar tanta intriga en otra. En si es algo gratificante, el simple hecho de que otro no te pueda sostener la mirada o se ruborice al verte, que tartamudea al hablar y por unos instantes se quede sin pensamiento alguno, es exquisito sentirse una mujer intimidante.

 

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