Jueves, viernes, sábado y dormimos.

Y es que mis fines de semana se extienden contigo.

 

Es cuando entonces el día domingo y el más odiado por ser la antesala al inicio del trabajo, se convierte en algo sumamente distinto cuando estoy contigo. Son nuestros cuerpos compartiendo sobre una cama que no se cansa de vernos dormidos.

Porque  no necesariamente todo es pasión y deseo desbordado, pues son tus brazos rodeándome los que me tienen aún más atada los fines de semana a ti. Haz convertido los días simples de mi vida en la mejor estadía donde puedo vivir tranquila.

 

Y es que después de una semana larga y ardua de trabajo sé que al llegar a casa tú estarás ahí para hacerme olvidar de todos esos días de fatiga cotidiana. Reír, comer, dormir e incluso discutir se han convertido en una combinación perfecta que viene de ti, eres esos días soleados y los nublados en los que disfruto estar enrollados bajo las cobijas y a tu lado.

 

Incluso me he convertido en la persona cursi que creí nunca ser, la que los domingos solo se dedicaba a ver películas de solteras y comía chocolates hasta al atardecer. Suena un tanto gracioso pero llegaste para hacer de mis domingos un día único y casi perfecto, el que hasta ahora no cambiaría pues sin duda solo a tu lado puede ser así.

 

En fin, mis fines de semana son eternos cuando estoy junto a ti, tienen nuevo nombre e incluso programación, pues hay de todo cuando estamos solo los dos.