Jugar con fuego nos ha iluminado la sonrisa.

Ser niños y quizás colocarnos un poco en el puesto de bomberos, aunque en el fondo no queramos extinguir ese fuego que llevamos dentro.

 

Y es que ese mismo fuego nos dibuja una sonrisa en el rostro que solo nosotros sabemos diferenciar, es una muy distinta y peculiar que insiste en decirnos que estamos viviendo y es que sentimos como algo por dentro nos está uniendo.

 

Y aunque queramos apagar las llamas de algo que quema no queremos contribuir para nada con esto, nos mantiene de pie y nos impulsa cada día a seguir luchando por algo más correcto. Por eso que nos mantenga viva el alma y el conocimiento, porque solo así podemos afirmar que estamos uno frente al otro más que para solo amar.

 

Nos complementamos, así como lo hacen nuestras sonrisas al dibujarse porque sabemos estamos jugando con fuego, el que puede parecer prohibido a veces pero que en realidad vale la pena probar por más de que nos quememos, y es que precisamente eso es lo que buscamos al encontrarnos, estar completamente solos sin importar lo que opinen los demás, porque como dije solo nosotros sabemos cuanta adrenalina y ganas llevamos dentro, que al unirse bajo el mismo cielo hacen una fogata voraz.

 

Voraz como lo quiere nuestra expresión en el rostro al terminar, al sentir cómo después de tantos besos y caricias ese fuego nos une cada vez más. Porque no solo se trata de jugar, es tomar todas esas llamas como una unión que día a día crece y crece más.