La almohada sabe demasiado.

Si a cualquiera de nosotras nos preguntaran quien es la amiga que escucha nuestros pesares y deslices.Estoy segura que la mayoría respondería “Mi almohada” la única que nunca revelara nada.

Y es qué cuando nos atacan los recuerdos, no sabemos como defendernos. Solo nos queda refugiarnos en los suaves enlaces de tela de nuestra almohada, y aunque permanezca callada ante nosotras es quien más está llena de detalles, lagrimas, pensamientos básicos y a presenciado más de una vez una que otra escena erótica. Tal vez sea por ésta razón que deba permanecer callada.

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Desde niñas hemos confiado fielmente en nuestra almohada, resguardando los dientes que por la edad vamos dejando. Y cómo no hablar de la torre hecha un millón de veces sobre la cama, para tratar de defender la princesa que llevábamos dentro. Pero al crecer la inocencia cambia al igual que la almohada, cambiamos los dientes por el aroma suave de un caballero y la torre de almohadas la convertimos solo en dos.

Con el transcurrir de los años se vuelve nuestra amiga y confidente, y la suavidad para dejar descansar libremente nuestros pensamientos e ideas. Los que nos atormentan por las noches y no sabemos a quien confiárselos más que solo a ella.

Las noches se convierten en un picnic de amigas, aunque solo una hable. Y es qué así es cómo debe permanecer, si la almohada lograra hablar cruelmente tendría que ser asesinada incluso mutilada, y las sabanas no se quedarían atrás. Para que mueran con todos los secretos bien guardados y las escenas de pasión. Esas que me sonrojan de tan solo imaginarlas, solo basta conservarla tranquilamente en mi habitación, para entender que sin ella no tendría otro refugio por las noches, sin duda la almohada tiene mucha información.

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