Eres la carne que quiero entre mis dientes.

Una vegana dejando que hable su imaginación.

 

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Siempre he estado a favor de una vida sana, la energía exacta y equilibrada entre mente y cuerpo, sin embargo tú eres el desequilibrio hecho carne que hace que mi mente pierda la cordura y mi cuerpo su dieta libre de carne.

 

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Eres un verbo hecho de carne y hueso, y por muy vegetariana que diga ser me encantaría romper mis reglas de alimentación contigo. Sin necesidad de condimentos pues bastaran los besos y las caricias para que el plato se acabe sobre nuestra mesa. Perdería los modales contigo, y esa parte refinada y cautelosa en mí se irían con todos esos vegetales verdes que normalmente invaden mi cocina, pues cambiaría el puesto de las frutas sobre la mesa por nosotros dos.

 

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Contigo eso de consumir solo el hierro de los vegetales es sencillamente papelillo en el viento, pues mis estudios universitarios estarían de mi parte afirmando que necesito un poco de hierro de esa carne humana, y que mejor que tú. Y no es que este a favor del canibalismo contigo, pero sin duda eres la única carne que hipotéticamente comería sin dudar.

 

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Sigues siendo parte de mis deseos más ocultos, y es que quizás muy pocos conservo en mi cabeza pero solo tu lideras el erotismo que se esconde en cada fibra de mi cuerpo. Estas presente y es cómo si mis labios perdieran el sabor dulce y seco de las avellanas que tanto consumo para aliviar la ansiedad, tal vez seas tú quien combata con esos frutos secos para hacer desaparecer esa sensación de saciedad que no desaparece de mi boca y menos de mi mente. Es por ello que a pesar del tiempo sigo detrás de tu carne, pues la quiero entre mis dientes.

 

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