La cerveza tiene toda la culpa en esto. “Amores fugaces”.

Sonaré un poco infantil, pero en esta oportunidad mis hormonas obedecieron a la cebada, esa bebida creadora de carcajadas y de que mis piernas no se cansen de bailar.

 

Imagen: Weheartit

 

Y si, el compartir de unas cuantas rondas me hicieron perder un poco la cordura. En un nuevo ambiente y distintas maneras de pensar, donde de hecho compartes de un vaso a la culpable en ese momento de mi desorden emocional; entre música, ritmo y distintas formas de bailar la suavidad de unas manos que solo se dedican a recorrer los libros de matemática recorrieron mi cintura.

 

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Mientras de día las matemáticas salían de la boca de ese hombre, durante esa noche sus labios rozaron los míos. Admito siempre estar consiente de mis actos pero la culpa siempre seguirá siendo de ella, pues transforme esa mujer cautelosa y recatada en otra totalmente seductora y provocadora.

 

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¿Cuantas veces te ha sucedido algo similar? –solo quiero tener una segunda excusa para que la condena de la cebada no pese tanto sobre la botella- al fin y al cabo somos mujeres y mientras la bebida este de por medio por más de que estemos consientes de nuestros actos ésta bebida es sencillamente un afrodisíaco que nos da pase libre para cometer cualquier tipo de locura.

 

Imagen: Weheartit

 

Y es que solo necesitamos la excusa perfecta, quien cometa el delito por nosotras. Aunque los reencuentros se pueden quedar simplemente en besos llenos de pasión el final puede ser aún más “HOT”, y no hay nada de malo en una ocasión llena de adrenalina con un desconocido, mientras exista una o unas cuantas cervezas de por medio ellas se llevaran toda la culpa y nuestro abogado será una conciencia con carencia de cordura.