La excusa perfecta de la masculinidad.

El destino me coloco en medio de algo inesperado, llego con esencia masculina disfrazada de ser humano.

Una persona que al parecer andaba solo por la vida, cuando en el fondo no era más que un alma incomprendida. Y es que quizás esta es la descripción que muchos dan para salvarse de la sociedad y de los cuestionamientos. La excusa perfecta de la masculinidad.

Decir que no había otra esencia femenina que se recostara en su regazo, la más vil mentira que cualquiera podría soltar de su boca, y es que no hacen falta excusas y mentiras cuando ocultan en su mirada algo que habla sin medida.

Y es algo por lo que la mayoría de nosotras pasamos, hombres astutos que saben balancearnos entre sus manos,  esencias que nos vuelven locas y nos colocan la vida de cabeza, y es que a pesar de que quieran parecer ingenuos es esa cara de niños buenos los que nos hacen dejar los tacones al pie de sus alcobas.

Alcobas que esconden momentos casi prohibidos, y aunque uno de los dos disfrace sus palabras, para la otra sencillamente son el elixir de lo desconocido, lo que llena de adrenalina y alborota la mente sin cesar.

Y es que son todas esas excusas las que sin razón a aparente nos vuelve  locas de la mente. Las que los convierte en seres únicos y espeluznantemente atractivos frente de nuestros ojos inocentes. Los que por decisión propia creen en todas esas excusas que los hace ser hombres atrayentes.