La soltería se despide de mí a lo lejos aunque me da pavor soltarle por completo.

A veces ciento que me he precipitado un poco en ciertas decisiones, me lance con todo a los brazos del amor, algo que creía ya perdido.

 

Imagen: Weheartit.

 

Pero también, luego algo dentro de mí me dice y exhorta a continuar con mis decisiones y hacerme responsable de ellas. De cierto modo, creo estoy llegando a una etapa que creía muy lejana y esto de sentar cabeza ya está llegando a su lugar, un lugar que está organizando sus propios planes sobre mi vida.

 

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Y es que quizás está tomando el rumbo que todos conocemos, y la soltería está despidiéndose de mi a lo lejos, aunque me da pavor soltarle por completo. Sí, me siento frágil a la intemperie de mis de-seos, dejar de ser lo que durante mucho tiempo vengo siendo. Tan calculadora y solitaria, pues ya mi cama no está tan vacía como solía estarlo.

 

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Me alumbra un pensamiento, diciéndome “Ya no lo estarás más” y todas esas locuras que estaban a la orden del día, se escapan junto a mis ganas de seguir siendo fría. Y es que hasta eso estoy perdiendo, la frialdad de ser ajena a los sentimientos. Ya parece que lo cursi se está apoderando de mí también, y ese sarcasmo que llevaba dentro va bajando de nivel y solo sale a relucir un poco, cuando me veo solo cubierta entre las sabanas y con el calor de otra piel.

Pero es divinamente perfecto, ya no soy yo sola con este cuerpo. Son dos que se unen y contemplan lo que han formado por muy ácida que fuese tiempo atrás.

 

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