Llegas alborotas todo y te vas rotundamente.

Fuiste esa oleada de sol en el verano, la tempestad del mar pasando por la costa asustando a los demás, fuiste como ese eclipse lunar que aparece cada 70 años y de repente te fuiste sin despedirte.

 

Alborotaste todo a tu paso, sin percatarte que solo estaba yo presente, llegaste como lo hace la lluvia cuando el jardín necesita un poco de humedad, y es que incluso llenaste de demasiada humedad mi vida para luego irte así, sin ninguna explicación presente.

 

Así eres tú, apareces con tus mejores encantos y con un buen disfraz, demostrándome cada una de tus facetas haciendo que te quiera más. Me ilusionas el cuerpo y la piel, para luego irte como si nada a quien sabe qué otra piel. Y es que estoy segura que ese es tu trabajo en esta vida, ir de una piel en otra cautivándola como tuya.

 

Te luces y demuestras incluso más de lo que eres, mostrando tus técnicas que convierten a cualquiera en tu alumna. Y eso fue precisamente lo que hiciste conmigo, me dejaste un sabor de boca espectacular y con los sentidos con ganas de mucho más.

 

En cierta forma agradezco haberte conocido, pues aún hoy coloco en práctica esas viejas técnicas aprendidas contigo, las  que me quitan el estrés y la ansiedad cuando quiero, de alguna forma contigo aprendí a darle placer a mi cuerpo. Y es que a pasar de haber pasado como estrella fugaz, hiciste algo bueno al dejar un aprendizaje en mí, tu presencia fue buena y exquisita aquí.