Lo amé mientras se iba de mi vida hasta que estuvo tan lejos que dejé de amar

Así que cuando menos lo pensé, cuando más alto estaba, cuando mi nube era la más bella, la más cómoda, la más exclusiva, explotó y caí contra el duro cemento de la verdad.

Disfruté lo vivido aunque parezca que miento. No importa cómo terminó, porque aunque confieso que sí sufrí y que sí lloré por la ruptura, el secreto de hablar de lo feliz que pasé a su lado está en que siempre supe que aunque nos queríamos, la vida es así, te sorprende no necesariamente de la forma en la que esperas. Y a mí sí que supo sorprenderme como nunca quise ser sorprendida.

 

 

Era muy feliz. Nunca percibí los cambios que iban ocurriendo paulatinamente en mi pareja. Para mí todo era perfecto, y ahora mismo no sé si ese fue mi error, encerrarme en una caja de cristal ignorando las señales. En realidad no sé si hubo señales porque en mi mente no cabía la desconfianza, en mi mente todo era confianza, amor, respeto, lealtad, pero evidentemente eso solo existía en mí.

Y a mí sí que supo sorprenderme como nunca quise ser sorprendida.

Así que cuando menos lo pensé, cuando más alto estaba, cuando mi nube era la más bella, la más cómoda, la más exclusiva, explotó y caí contra el duro cemento de la verdad.

Había dejado de quererme en un punto que él tampoco se lo explicaba, simplemente ya no me veía como mujer, me había convertido en algo cercano a una hermana, y eso, les juro, que saber que me veía como una hermana, fue la razón por la que decidí no sufrir. Tal vez no lo entienda. Sí me estaba doliendo, pero qué iba a hacer si no me quería. No podía obligarlo, no podía forzarlo a que siguiera conmigo, entonces acepté la verdad, acepté que la vida es eso, recibir y dar, recibir y dejar ir. Así como llegó a mí, así debía irse.

 

 

No podía obligarlo, no podía forzarlo a que siguiera conmigo, entonces acepté la verdad, acepté que la vida es eso, recibir y dar, recibir y dejar ir. Así como llegó a mí, así debía irse.

No somos eternos, está claro. No somos infinitos. Nos vaciamos. Así es el amor. Un día lo das, al otro se esfuma. Dicen por ahí que el verdadero amor deja ir, y eso hice, amarlo mientras se iba de mi vida hasta que estuvo tan lejos que dejé de amar.

Ahora estoy bien. He aprendido, he llorado, he reído, pero sigo viviendo pase lo que pase.