Los besos como el tequila se piden dobles.

Y no solo los besos, el amor, cariño, respeto y todo lo que implica ser dos. Por algo una relación es cosa de ser doble, se necesitan solo dos personas que se amen para que lo demás se dé naturalmente.

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Cuando estoy junto a él un beso no es suficiente, es peor que el tequila que me embriaga con tan solo un trago, y es que esa noche de shots de tequila y besos a montón dejo en mi boca un sabor que quiero repetir una vez más, somos los dos atraídos uno con el otro, el dobles de un cuerpo cuando el beso surge, un abrazo solo es el cierre mágico de un cariño tan raro y sincero que el tequila solo es un detonante del momento.

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Como el tequila lo quiero a él, son sus momentos amargos y su personalidad acida como el limón, porque sé que de verdad lo nuestro es sincero y que cada noche a su lado es como prender el fuego en una noche fría. La mezcla de unos cuantos tragos nos hace perder el control por cuestión de minutos, es nuestro fiel acompañante cuando nos queremos perder de la multitud, porque entre risas y complicidad nuestros corazones se abren con sinceridad.

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Aunque muchos piensen que el tequila es el indicado para ahogar las penas del corazón, mi caso es el contrario. Esa bebida me cautiva a estar con él, abre nuestras mentes en los momentos donde nos comportamos como amigos, somos los verdugos de nuestros despechos por otras personas del pasado, es el trago espirituoso que nos enciende para llevarnos por el camino de la pasión. Por eso siempre lo pido doble.

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