Los mejores momentos no se cuentan, se viven.

Las mejores cosas suceden y punto, no se cuentan.

Nos pasan por un costado y con picardía nos guiñan un ojo, pues están al tanto que estamos tan o peor de involucrados que esa acción. Las mejores cosas que nos han sucedido en nuestra vida son tan nuestras, que contar tan siquiera una parte de ellas nos haría quitarle todo lo valioso que tienen.

 

Imagen: Weheartit.

 

Son verbos, circunstancias, aventuras y travesuras envueltas en dos pieles, que por ende debe ser defendida hasta el final. A expensas de que alguien más se entere de su existencia, una que para dos ha sido la fuente de energía durante mucho tiempo.

 

Imagen: Styletoday.

 

Y sin importar este último, son nuestras, vividas en carne propia, tan delicadas en las manos de otro que deben ser cuidadas hasta el final de nuestros días. Porque las buenas experiencias, esas que están llenas de satisfacción por todas partes son y seguirán siendo, personales y en su mayoría solo de dos.

 

Imagen: Kena.

 

Dos personas que se encargaron de crear los momentos más especiales y únicos en el tiempo, tan de ellos y menos del resto a su alrededor. Minutos que se guardan como tiempo invertido y productivo de locura y desenfreno, porque la mayoría de ellos están llenos de eso y un poco más.

 

Imagen: Weheartit.

 

Cada uno guardado con un nombre en especial. Momentos que aún nos dibujan sonrisa, y ver al otro como un bistec sobre la mesa en el comedor. Una mesa que quizás muchas veces fue el escenario de momentos como esos – ¡Ups! Algo se me salió-.